Oslo en diciembre tenía un frío distinto al de Madrid.
Laura lo sintió en cuanto bajó del avión, un frío seco que cortaba de una manera diferente, más limpio, sin la humedad que solía acompañar al invierno madrileño.
Llevaba el abrigo que Álvaro había elegido, uno nuevo, gris oscuro, que había comprado dos semanas antes específicamente para este viaje, asegurando que el que Laura tenía no iba a ser suficiente para el clima nórdico.
Tenía razón.
La ceremonia se celebraba en el Ayuntamiento de Os