El banco del Retiro estaba en el paseo del Estanque, en el lado que da al norte, donde los árboles son más altos y donde en noviembre la sombra llega antes que en el resto del parque.
Laura llevaba cuarenta minutos sentada.
El café estaba en el banco a su lado, en el vaso de papel que había comprado en el kiosco antes de sentarse, con la tapadera puesta y ya sin vapor. Se había enfriado. No lo había tirado porque tirarlo habría requerido levantarse y levantarse habría interrumpido lo que estaba