Don Raúl llevaba seis meses solo en el piso de Lavapiés.
Seis meses desde el domingo de noviembre.
Laura lo visitaba los martes. No porque nadie se lo hubiera pedido ni porque hubiera ningún protocolo familiar acordado sobre los martes. Había empezado a ir los martes el segundo martes después del entierro, cuando había llegado al piso sin llamar primero y Don Raúl había abierto la puerta con el café ya hecho y la expresión de quien esperaba sin haberse dado cuenta de que esperaba, y desde enton