El médico penitenciario llamó a Álvaro un martes a las once de la mañana.
Álvaro estaba en la firma revisando los presupuestos del proyecto de Bilbao cuando sonó el teléfono con el número del Centro Penitenciario Madrid III.
Salió de la sala.
El médico fue breve: Carmen Jones presentaba síntomas de un síndrome neurológico degenerativo que los análisis preliminares sugerían era una enfermedad de Parkinson de inicio tardío con componentes cognitivos. El pronóstico, con tratamiento, era de tres a