La consulta del doctor Ferrer estaba en el segundo piso de un edificio de Pozuelo.
Sala de espera con sillones de cuero beige. Plantas de plástico. Una música de fondo que nadie había elegido y que tampoco nadie apagaba. El tipo de decoración diseñada para transmitir calma y que conseguía exactamente lo contrario.
Marina llegó diez minutos antes de la hora.
Se sentó. Cruzó las piernas. Sacó el móvil como hacía cualquiera mientras esperaba. Por fuera: calma total. Por dentro: atenta a todo. El s