La casa se había convertido en una jaula de silencio tenso. Carol, felizmente ignorante de todo, iba de un proyecto de decoración a otro y pasaba largas horas almorzando con sus nuevas amigas, dejando a Leila a solas durante horas con el hombre cuya presencia parecía filtrarse ya en las propias paredes.
Era un jueves por la tarde; la lluvia azotaba las ventanas de la enorme y moderna casa a la que se habían mudado. Leila estaba en la cocina, tratando de perderse en la monótona tarea de preparar