52: Oh, padrastro (2)

La casa se había convertido en una jaula de silencio tenso. Carol, felizmente ignorante de todo, iba de un proyecto de decoración a otro y pasaba largas horas almorzando con sus nuevas amigas, dejando a Leila a solas durante horas con el hombre cuya presencia parecía filtrarse ya en las propias paredes.

Era un jueves por la tarde; la lluvia azotaba las ventanas de la enorme y moderna casa a la que se habían mudado. Leila estaba en la cocina, tratando de perderse en la monótona tarea de preparar
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