La orden, tan directa y sucia, provocó una nueva oleada de humedad entre sus piernas. Se dejó caer, sintiendo la aspereza de la alfombra fría contra sus rodillas desnudas. Desde esa posición, quedó a la altura del prominente bulto que se marcaba en los pantalones de Marcus. Julian se colocó detrás de ella, apoyando las manos en sus hombros desnudos como un ancla posesiva.
Marcus se desabrochó el cinturón; el tintineo del metal sonó ensordecedor. Se bajó la bragueta y liberó su polla. Era gruesa