Federico entró al hospital a toda prisa. Necesitaba saber la verdad, aferrándose a la esperanza de que aquel joven, quien según le había dicho, había salvado a Lizzy de ser asesinada, pudiera contarle algo.
Apenas cruzó la puerta de la habitación, vio que la madre del muchacho lo acompañaba. La mujer, al verlo, lo miró con una mezcla de agradecimiento, vergüenza y pesar.
—Señor, mi hijo pagará por lo que hizo. Yo no lo crie para esto... Por más necesidad que tengamos, jamás voy a justificarlo —l