Federico trabajaba concentrado en su estudio, mientras Elizabeth jugaba con Lucas en el jardín. Habían pasado varios días desde su regreso, y aunque ella no había recuperado la memoria, la rutina comenzaba a parecerse a la normalidad.
Sabía, sin embargo, cuál era su lugar en esa casa. No pensaba irse. Había decidido contarle la verdad a su esposo el día de su cumpleaños, que sería en apenas dos días.
Federico estaba feliz. Ya no le importaba si Elizabeth recordaba o no. Lo único que le importaba