Federico estaba ansioso por volver a ver a su hijo… pero, sobre todo, a Elizabeth. Necesitaba comprobar que estaba bien, que seguía a salvo.
Apenas llegó a la mansión, preguntó por ella.
—La señora está arriba con el pequeño Lucas —susurró el ama de llaves—. Ha estado allí por horas. No quiere separarse de él.
El hombre subió a toda prisa. Al llegar a la habitación, abrió la puerta sin dudar.
—Elizabeth… —pronunció con voz ronca.
Ella alzó la vista y sus ojos se encontraron.
—Federico… —susurró,