Neta-lee alzó el rostro al sol, o al menos a los pocos rayos que se colaban bajo la copa del árbol a sus espaldas y que la cubría.
La fría brisa, con los cálidos rayos se entremezclaron. La combinación solía hacerla estremecer, pero esta vez solo se limitó a la saturación de sensaciones. Había hablado largo y tendido durante más de dos horas, y ahora, llevaba varios minutos en silencio, solo disfrutando de la tranquilidad típica del lugar.
Tras la despedida difícil con Noah el martes, había e