Alguien hablaba.
Alguien estaba hablando, en un susurro ronco tal vez.
Neta-lee arrugó la frente, irritada un poco por la interrupción de su descanso. Pero, en cuanto volvió a estar todo en silencio, se relajó. Volvió a dormir. Y, entonces… alguien tocó su hombro y ella apenas pudo esquivar, aún con los ojos cerrados y totalmente somnolienta, el segundo toque fuerte sobre su hombro izquierdo. Movió la cabeza sobre la almohada y emitió un suave sonido de protesta desde el fondo de su garganta,