Cuando la figura de mi madre estaba desvaneciéndose justo frente a mis ojos, pude escuchar un llanto, un llanto que ahora conocía bien, lo cual me hizo abrir los ojos sobre saltada, ahora no era un llanto si no dos y eran de unos bebés, caminé de frente al pasillo de donde oía los llantos dejando a mi madre atrás, no supe como de un momento a otro había llegado a el cunero de el hospital y entré por una puerta abierta.
Ahí juntos, en una pequeña encubadora, estaban dos pequeños niños llorando y