Lisa
No me acuerdo cuánto tiempo pasé sentada junto a la cama de mi mamá después de que recuperaron un poco de calma en la mansión. Tenía los ojos cerrados, respiración lenta, un vendaje en la frente y ese silencio extraño que abruma más que cualquier ruido. Su mano estaba tibia entre las mías; la sostenía como si pudiera anclarme a algo.
Pero la verdad era que nada me sostenía.
El mundo se había vuelto un hueco lleno de humo, explosiones, voces que no entendía y fragmentos de cosas que no t