Narrador omnisciente
La noche parecía sostener la respiración. No había viento, ni animales, ni ramas moviéndose. Solo un silencio tan tenso que dolía en los oídos. Cristian llevaba varios minutos de pie frente a la ventana, con los ojos clavados en la línea oscura del bosque. Su cuerpo estaba en estado de alerta absoluta, ese estado ancestral que ningún entrenamiento podía imitar. No era una sospecha. No era paranoia. Era instinto puro: alguien estaba ahí.
Un movimiento detrás de él lo obligó