Lisa
Desperté con una sensación extraña.
Por un instante no recordé dónde estaba. Solo sentí el calor de algo —o mejor dicho, de alguien— junto a mí. Mi mente tardó unos segundos en procesarlo.
Cristian.
Estaba profundamente dormido, el brazo extendido sobre la almohada, la respiración lenta y constante. Su pecho subía y bajaba con calma, y el aire que exhalaba rozaba mi frente en intervalos suaves, rítmicos.
Por un segundo me quedé ahí, mirándolo, sin atreverme a moverme.
No sabía en qué momen