Narrador omnisciente
El silencio después del caos era casi irreal.
El aire seguía cargado, como si la energía del enfrentamiento se negara a disiparse. La luna, alta sobre los árboles, proyectaba su luz pálida por la ventana rota, iluminando los trozos de vidrio en el suelo. Cada fragmento reflejaba destellos que parecían pequeños pulsos de vida.
Lisa seguía inmóvil. No podía dejar de mirar a Cristian.
Él estaba frente a ella, respirando con dificultad, los ojos aún ardiendo con ese brillo dor