Lisa
Stephanie había pasado casi una hora ayudándome a prepararme para la cita. Cada movimiento suyo era meticuloso: peinó mi cabello, dejando que algunos mechones suavemente enmarcaran mi rostro; el maquillaje resaltaba mis ojos y labios sin exagerar, y el vestido que eligimos juntas me hacía sentir elegante, aunque todavía un poco nerviosa. Stephanie se apartó, me dio un último vistazo y sonrió.
—Listísima. Vas a dejarlo sin palabras —dijo, y por un instante quise sonreír de verdad, pero e