Capítulo 31

El sol entraba tímido por las ventanas del café, pintando de dorado las mesas y el aroma del café recién molido. Yo estaba detrás del mostrador, sirviendo un capuchino a un cliente habitual cuando sentí cómo una oleada de cansancio me invadía. Mi mano temblaba un poco y tuve que apoyarme para no caer. Mi embarazo era ya una presencia constante y silenciosa que moldeaba cada instante de mi vida.

Aquel trabajo en el café me había dado algo que hacía mucho no sentía: estabilidad. No era solo el di
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