El sol entraba tímido por las ventanas del café, pintando de dorado las mesas y el aroma del café recién molido. Yo estaba detrás del mostrador, sirviendo un capuchino a un cliente habitual cuando sentí cómo una oleada de cansancio me invadía. Mi mano temblaba un poco y tuve que apoyarme para no caer. Mi embarazo era ya una presencia constante y silenciosa que moldeaba cada instante de mi vida.
Aquel trabajo en el café me había dado algo que hacía mucho no sentía: estabilidad. No era solo el di