Había algo en despertar y no sentir ese peso insoportable en el pecho que me hizo darme cuenta de lo mucho que había cambiado. La Bianca de hace meses parecía otra persona. No solo porque ya no estaba sola ni destruida, sino porque me había encontrado en el proceso. Era como si una capa invisible se hubiera caído, dejando al descubierto una mujer que por fin se reconocía.
Mi trabajo en el café se había convertido en un refugio inesperado. Los clientes habituales ya me saludaban por mi nombre, y