Había pasado tanto, tanto… que mirar atrás dolía menos de lo que imaginaba. Quizá porque dolía más mirar hacia adelante sin él.
Gael dormía profundamente, su manita apretada sobre el borde de su manta azul claro. Ese pequeño ser era la razón por la que respiraba, el motivo por el que no había perdido la cabeza en medio del caos, la oscuridad, los llantos y los silencios. Él me salvó. Me salvó de mí misma, de mis apegos, de Ethan.
Pero ahora... Ethan estaba cambiando. Y yo ya no sabía si eso me