Dos años después
El viento soplaba suave esa mañana. Había flores en la ventana, risas en el fondo del café y el aroma familiar de pan recién horneado flotando en el aire. Todo era exactamente como debía ser, como siempre soñé que fuera.
Gael corría entre las mesas, riendo a carcajadas, con un delantal en miniatura que decía “jefe en entrenamiento”. Tenía ya tres años y un mundo entero por descubrir. Su energía era inagotable, su risa, contagiosa. Y cada vez que decía “mamá” o “papá”, algo en m