El aire olía a café recién hecho, a pan tostado y a esas flores que la señora Rita siempre colocaba en la mesa del rincón. Era un día como cualquier otro en apariencia, pero dentro de mí algo latía distinto, con una fuerza nueva. Estaba viva. No solo respiraba… estaba viva. Y completa.
Gael dormía en su cuna portátil, al fondo del local. Lo dejaba cerca, pero lo suficiente lejos como para que los clientes no lo despertaran. Tenía cinco meses y era más risueño que nunca. Sus ojos eran el ancla q