Las tribunas del estadio rugían como bestias hambrientas. El sol caía sobre la cancha con intensidad, pero nada comparado a la presión que sentían los jugadores de ambos equipos. Era la semifinal del torneo internacional juvenil, y todos sabían lo que estaba en juego. El equipo colombiano tenía fama, historia y músculo. El equipo argentino, en cambio, tenía corazón… pero parecía no alcanzar.
El árbitro pitó el comienzo y la tensión fue inmediata. Desde los primeros minutos, los colombianos toma