En Argentina, la mañana había comenzado con un ritmo frenético. Patrulleros y camionetas policiales se movían como enjambres en los alrededores, mientras el jefe del operativo, el comisario, revisaba una y otra vez los mapas y las órdenes de captura.
—Hoy termina esto, ¿me escucharon? —dijo con voz grave, dirigiéndose a su equipo reunido en círculo dentro del destacamento.
—Sí, señor —respondieron todos al unísono.
Desde hacía semanas, las fuerzas policiales habían trabajado sin descanso para e