capitulo 66

El sol ya se había ocultado cuando Lautaro empujó la puerta del hospital y se dirigió directo a la habitación donde estaba internada Agustina. Llevaba una mochila colgada y el corazón agitado, no tanto por la caminata, sino por la mezcla de emociones. Mañana se iría a representar a todo un país, pero antes debía verla a ella.

Agustina estaba sentada en la cama, con el suero todavía conectado a su brazo, pero se la notaba mejor. Apenas lo vio, esbozó una sonrisa cansada.

—Sabía que ibas a venir
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