La tarde estaba pesada, como si el aire mismo supiera que algo estaba por explotar.
El partido había terminado hacía un par de horas, pero los pasillos de la escuela todavía vibraban con la energía de la victoria. Los profesores felicitaban a los jugadores, algunos alumnos imitaban los goles en los pasillos y el nombre de Lautaro se escuchaba en casi cada conversación. Sin embargo, en un rincón más apartado, lejos de los festejos, la verdadera batalla recién comenzaba.
Jenifer caminaba sola, sa