Los días siguientes al partido fueron diferentes. Había algo nuevo en el aire. En cada práctica, cada ejercicio, cada pase. No era solo que el equipo entrenara con más intensidad; era la conexión evidente entre Tiago y Lautaro lo que lo cambiaba todo.
Desde que habían tenido esa charla sincera en el vestuario, parecían haberse entendido de verdad. Ya no competían con veneno ni se miraban con rencor. Ahora jugaban como si el otro fuera una extensión de sí mismos. Lautaro asistía con precisión qu