El partido había terminado, pero las emociones seguían a flor de piel. Lautaro, aún con la camiseta número 17 pegada al cuerpo, caminaba junto a Gabriela y Jenifer rumbo a la zona donde estaban haciendo entrevistas. Los medios escolares, los celulares grabando en vivo, las cámaras improvisadas… todo era un caos de voces y festejos.
Bajo una carpa blanca con el logo del torneo, Darío y Marcela —los padres de Lautaro— eran el centro de atención. Sonreían mientras hablaban con chicos del periódic