Le había rogado de la misma manera en el pasado, cuando aparecía delante de mí justo con diferentes mujeres. Reuní todo mi valor para explicarle la verdad por qué me había ido sin avisarle.
Su respuesta fue:
—Deja de mentir. ¿Crees que creeré en las palabras de una mentirosa? Si quieres que escuche tus palabras, arrodíllate en este momento y pídeme perdón.
En esos años, destruía mi orgullo una y otra vez, y después de nuestra pelea de ayer, ¿por qué aún se atrevía a pedir que le rogara?
Lo miré