Alessandro se quedó un instante más en la sala, observando cómo Rose recogía los planos con movimientos precisos y medidos, cada gesto impecable, como siempre. Su corazón aún latía con fuerza, y el recuerdo de la playa apareció de nuevo, inevitable, haciéndolo sentir vulnerable y emocionado al mismo tiempo.
El aroma de la brisa marina que había sentido aquel día frente al mar parecía mezclarse con el olor a madera de los muebles y el perfume sutil de Rose, despertando en él una ansiedad que no