CAPÍTULO 20.
Capítulo 20
El silencio en la oficina de Fernando era espeso. Luisa cerró la puerta con mucho cuidado, su corazón martilleaba contra sus costillas, no por miedo, sino por una adrenalina ácida que le quemaba las venas.
—¿Secretaria? ¿Una joya? —susurró para sí misma, lanzando su bolso de diseñador sobre el sofá de cuero—. No eres más que una piedra en mi zapato, Sofía. Y las piedras se tiran al río.
Se acercó al escritorio de caoba, sabía que Fernando estaba en una reunión tratando de salvar los