CAPÍTULO 19.
Capítulo 19
El aire en la sala de juntas del Conglomerado Ríos era denso, impregnado de ese olor a perfume caro y café recién hecho que suele acompañar a las decisiones de muchos millones de dólares. La mesa de caoba, imponente y pulida como un espejo, reflejaba los rostros tensos de los socios. Entre ellos, sentado en un extremo que denotaba su nueva y precaria posición, estaba Fernando Valeriano.
Se veía fuera de lugar, como un intruso en un reino que ya no le pertenecía.
Miguel rompió el si