CAPÍTULO 21.
Capítulo 21
El silencio en la biblioteca de la mansión Ríos se sentía pesado. Sofía seguía sentada frente a la mesa de roble, con los dedos entrelazados y la mirada fija en la nada.
Miguel permanecía a unos pasos, con la mandíbula tensa y el pecho agitado.
Había dado órdenes frenéticas por teléfono, moviendo hilos legales para borrar el rastro del post, pero el daño era como un veneno, una vez que entra en el torrente, es imposible eliminarlo por completo.
—Doce millones —repitió Sofía, su voz