CAPÍTULO 119.
Capítulo 119
El trayecto de regreso al penthouse se sintió denso. La lluvia, que hasta hace unas horas parecía un castigo, no era más que un rocío contra los cristales del coche, un sonido que empezaba a perder su fuerza frente a la tormenta interna que Miguel llevaba consigo.
Conducía con una mano sobre el volante y la otra perdida en el bolsillo de su chaqueta, donde la pequeña unidad de memoria, ese pedazo de plástico que contenía la caída definitiva de su padre, se sentía como un peso vivo