—Ahí están —gritó Clara, corriendo hacia ellos en cuanto entraron al jardín, el anillo brillando en su mano mientras los abrazaba a ambos con una fuerza que casi los tira al suelo, su vestido revoloteando con la velocidad de su carrera.
—Felicidades —dijo Mara, riendo mientras Clara la abrazaba con la misma intensidad de siempre—. No puedo creer que finalmente pasó.
—Yo tampoco puedo creerlo —dijo Clara, las lágrimas todavía frescas en sus mejillas, su sonrisa imposible de contener—. Vengan, R