—Estás lista —preguntó Dominic, ofreciéndole la mano mientras salían del coche estacionado frente al cementerio, el sol de la tarde cayendo suave sobre el estacionamiento casi vacío.
—Creo que sí —dijo Mara, sintiendo el peso de la pregunta extenderse mucho más allá de ese momento simple, sus dedos entrelazándose firmemente con los de él.
Caminaron juntos por los senderos familiares, el mismo camino que había recorrido semanas atrás con su padre, aunque hoy el grupo era más grande: Dominic a s