MARCOS
Elena guarda el teléfono.
«Voy esta noche», dice.
«No», digo.
«Sí.»
Nos quedamos en esa calle de Madrid a mediodía. Sol de octubre. Gente con bolsas. La dirección de un desconocido en su móvil. Y yo con cinco años atragantados en la garganta.
Si no se lo digo ahora, no se lo digo nunca. Y si no se lo digo nunca, va a Relatores, 14 sin saber por qué la dejé plantada con el vestido puesto.
«Escúchame», digo.
Algo en mi voz la frena. Deja de andar.
Me mira.
«La noche del 13 de abril. Hace c