ELENA
Llamo al despacho de Víctor a las nueve en punto.
La secretaria: el señor Aldana tiene la agenda llena.
«Dígale que Elena Vargas quiere verle. Que tengo información sobre la citación que le interesa oír antes de que salga en prensa.»
A las nueve y cuarto suena mi móvil.
A las once tengo hora.
No se lo digo a Marcos.
No porque no confíe. Porque hay conversaciones que funcionan mejor con una sola voz en la sala. Y porque si Marcos lo sabe, viene. Y si viene, Víctor habla distinto.
El despac