Ximena tragó y se retorció ante su tacto, pero debido a que aún estaba dentro de ella, la sensación fue un más estimulante.
—¡Ah! No… No hagas eso… ¡Ah!
Se comenzó a mover nuevamente, sintiendo como entraba y salía él mismo con su mano. Debido al estímulo, las paredes de Ximena se contraía fuertemente en contra de su voluntad.
Con dificultad, apretó los dientes y comenzaron las embestidas enserio.
Ximena no supo cuántas veces ni en cuántas posiciones había sido colocada, de lo único que