Capítulo 82. Mi pequeño hermano.
—Mi cielo, ella es mi niña. Mi Cata —expresó, alargando una mano hacia él para entrelazar sus dedos con firmeza.
—Ella es mi mamá, Francesco, y jamás me ha dejado sola —lloriqueó Cata, intentando acurrucarse en los brazos del único hombre que le brindaba paz y protección en ese momento.
En ese instante de revelaciones familiares, las parejas se brindaron consuelo mutuo, aferrándose a la calidez del otro como un ancla en medio de la sorpresa.
Antes de que pudieran intercambiar palabras, antes de