Capítulo 44. Mi ancla.
Una sensación embriagadora inundó a Catalina, transportándola a un universo de ensueño donde la realidad se difuminaba con la magia de los relatos fantásticos.
Aquel instante, la declaración apasionada bajo la suave luz, se sentía como un pasaje arrancado de las páginas de un cuento de hadas.
Y sí, en lo profundo de su corazón, esa certeza ya había comenzado a florecer, pero ahora, las palabras y el beso de Francesco la confirmaban con una fuerza innegable.
Una confianza ciega se instaló en su