Capítulo 45. Derroche.
El murmullo constante del Tíber se había convertido en la banda sonora de sus días, un arrullo suave que la mantenía suspendida en una placidez inusual.
La isla Tiberina, con su aire de secreto y su ritmo pausado, la envolvía en una burbuja de irrealidad de la que se resistía a escapar.
Cada rincón empedrado, cada rayo de sol filtrándose entre los árboles centenarios, parecía conjurar un hechizo que la anclaba a ese presente suspendido.
La idea de cruzar de nuevo los puentes, de reintegrarse al