Capítulo 118. Confesión.
Catalina clavó su mirada en Marta, un torbellino de emociones pugnando en su interior: la culpa punzante, el temor a las consecuencias, la fría determinación de su objetivo.
Observó cómo los ojos de Marta, antes llenos de una vitalidad desafiante, ahora se inundaban de una súplica silenciosa, un grito ahogado por ayuda que Catalina sentía hasta la médula.
Podía ver la desesperación en cada fibra del ser de Marta mientras los agentes la arrastraban, la impotencia grabada en su rostro, en cada ge