MICHAEL
Llegamos al coche en el garaje. La levanto y la llevo al asiento trasero. —El médico dice que tenemos luz verde —le digo antes de besarla profundamente. Nuestra ropa desaparece en pocos segundos. Intento ir despacio, pero soy un hombre hambriento. Lo único que puede saciar mi hambre es ella. Mis manos y mi boca la recorren. Ella deja escapar un grito agudo que resuena en el pequeño espacio.
No hay delicadeza ahora, solo necesidad. Esa necesidad primaria y posesiva de borrar cada rastro