Sala de reuniones. Comisaría del distrito 14. Continuación.
La puerta se abrió y Dalia entró con pasos firmes, aunque la luz fluorescente del techo parecía clavarle agujas en las sienes. La migraña, que había estado acechando desde la sala de espera, comenzaba a extenderse como una mancha de tinta detrás de sus ojos. Pero no se permitió mostrarlo. Enderezó la espalda, ajustó el moño que empezaba a deshacerse, y tomó asiento en la silla que le indicaron.
Frente a ella, el fiscal general ocupaba