Punto de vista de Mariana
La emboscada llegó al amanecer.
El túnel estaba silencioso cuando entramos. Demasiado silencioso. Mis pasos se ralentizaron en cuanto entramos, mis botas resonando contra las paredes de hormigón con un ritmo que me resultaba extraño. Apreté la mano de Yelena, acercándola a mí. El aire era frío y húmedo, impregnado del olor a óxido y agua estancada. Pero había algo más que me revolvía el estómago. La ausencia de sonido. Ni un solo ruido de tráfico a lo lejos. Ni voces.