Punto de vista de Mariana
Sentí que se me oprimía el pecho de nuevo. —¿Quién te llevó?
Dudó. Sus manos se crisparon, se detuvieron, volvieron a moverse.
—No sé sus nombres —dijo con señas—. Vinieron cuando era pequeña. Dijeron que me habían elegido.
—¿Elegida para qué?
—Para vigilar.
Fruncí el ceño. —¿Para vigilar qué?
—Todo.
Bajó la mirada un segundo, luego me miró.
—¿Quién viene? ¿Quién se va? ¿Quién habla? ¿Quién miente? ¿Quién tiene miedo? ¿Quién finge? Me enseñaron a ver.
—Eras una niña —d