Punto de vista de Mariana
Nadie habló durante los primeros diez minutos del viaje. La tensión era palpable en el reducido espacio.
Entonces, el hombre sentado frente a nosotros, mayor y con una cicatriz que le dividía la ceja, me miró directamente. Su mirada no era curiosa. Era evaluadora, y profundamente indiferente.
"Entonces", dijo, con un inglés denso y un marcado acento local, "esta es la mujer".
Otro hombre, más joven, de mirada fría, resopló. "Parece normal. Suave".
Apreté la mandíbula.