Dimitri
—Mira la marca de tiempo maestra, papá —dijo Michael, dejando caer la tablet con fuerza sobre mi escritorio—. Enzo hizo un bucle en la grabación del patio justo antes de que empezaran los disparos. Tenemos que atraparlo ahora, antes de que salga de la finca.
No alargué la mano hacia la tablet. Mantuve las manos cruzadas sobre la oscura madera del escritorio y miré directamente a los ojos de mi hijo.
—Siéntate, Michael.
—¿Sentarme? —repitió Michael, con la voz tensa por la incredulidad—